La psicología del deporte ha tomado una gran importancia en los últimos años, ya que no solo se enfoca en el rendimiento físico de los atletas, sino también en su bienestar emocional y mental. Dentro del contexto deportivo, factores como la presión competitiva, las exigencias del entrenamiento, el miedo al fracaso y la constante búsqueda de resultados pueden generar afectaciones psicológicas significativas. Una de las más comunes es el síndrome de Burnout, conocido como desgaste físico y emocional, el cual afecta tanto a deportistas como a entrenadores.
Actualmente, la salud mental en el deporte se ha convertido en un tema fundamental, debido a que influye directamente en la motivación, el desempeño, la disciplina y la calidad de vida de quienes practican o trabajan en el ámbito deportivo. Sin embargo, todavía existe poca visibilización sobre este problema y muchas veces se normalizan el agotamiento extremo, el estrés y la presión constante como parte del éxito deportivo. Por esta razón, resulta necesario crear espacios informativos que permitan sensibilizar y educar acerca de la importancia del bienestar psicológico dentro del deporte.

El burnout se empezó a estudiar por Freudenberger (1974), sin embargo, fueron Maslach y Jackson (1981) quienes lo definen como un síndrome tridimensional caracterizado por agotamiento emocional, despersonalización y reducida realización personal, que puede suceder tanto en deportistas como en entrenadores, este síndrome trae consecuencias en la salud biopsicosocial y desempeño laboral en quien lo padece. (Vieco y Llanos, 2014).
Por otro lado, los deportistas están sometidos a demandas físicas y mentales especiales, el deporte de alto rendimiento comporta elevados niveles de estrés (González, LG, Viusá y Ordoqui, 2020; González, M., Guarnizo y Pinillos, 2022), produce lesiones físicas (Ríos y Surita, 2020) y representa riesgos para la salud mental. Es importante destacar que el síndrome del Burnout no se limita a los/las deportistas de élite. Existen atletas cuyos ingresos dependen de competiciones no considerados de élite o que no están bajo la supervisión de organizaciones oficiales. Bien sea de máximo nivel, de aficionados y de niños, existe una serie de demandas psicológicas que lo hacen más o menos difícil de gestionar en función de diferentes factores personales y ambientales. Manejar bien estos aspectos hace que, por un lado, se previene la salud mental de los deportistas y de las demás personas implicadas en el deporte (entrenadores, dirigentes, árbitros, padres y madres) y, por otro, se atajen posibles situaciones mentalmente complicadas que pueden ser la base de trastornos mentales (Roffe, García y Peris, 20).

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